Las dos tecnologías usan el mismo tipo de cabezal y muchas impresoras admiten las dos. La diferencia está en dónde se genera la imagen.
En térmica directa, el papel lleva una capa química que se oscurece con el calor. No hace falta nada más: el cabezal calienta y la etiqueta se marca. En transferencia térmica, el cabezal calienta una cinta llamada ribbon y la tinta de esa cinta se transfiere a la etiqueta.
Comparativa directa
| Térmica directa | Transferencia térmica | |
|---|---|---|
| Consumible | Solo etiqueta | Etiqueta + ribbon |
| Durabilidad de la impresión | Semanas o pocos meses | Años |
| Resistencia al calor y al sol | Baja: ennegrece | Alta |
| Resistencia al roce y químicos | Baja | De media a muy alta según el ribbon |
| Materiales admitidos | Papel térmico | Papel, polipropileno, poliéster, vinilo |
| Coste por etiqueta | Menor | Mayor |
| Mantenimiento | Menos piezas, más desgaste de cabezal | El ribbon protege el cabezal |
Cuándo usar térmica directa
- Etiquetas de envío y albaranes. La etiqueta cumple su función en días.
- Báscula y punto de venta de fresco.
- Picking y preparación de pedidos, etiquetas que se leen y se tiran.
- Tickets y colas.
La ventaja no es solo el coste del ribbon: es que no hay que cambiar ribbon, que es una parada menos en una línea que va rápido.
Cuándo usar transferencia térmica
- Etiquetado de activos y de inventario permanente.
- Ubicaciones de almacén, que tienen que aguantar años y roces de carretilla.
- Industria y manufactura: aceites, disolventes, temperatura.
- Laboratorio y sanidad: congelación, autoclave, alcoholes.
- Etiquetas de producto que van al cliente y representan a tu marca.
Tres tipos de ribbon y cuándo usar cada uno
Si eliges transferencia térmica, el ribbon determina la resistencia final tanto como la etiqueta:
- Cera. El más económico. Para papel y uso en interior sin exigencia. Buena densidad, poca resistencia al roce.
- Cera-resina. El equilibrio habitual. Aguanta roce moderado y algo de humedad. Funciona en papel y en sintéticos.
- Resina. El más resistente y el más caro. Obligatorio en poliéster y en cualquier aplicación con químicos, temperatura o exterior.
Regla práctica: el ribbon tiene que ser al menos tan resistente como la etiqueta. Poner ribbon de cera sobre una etiqueta de poliéster es tirar el dinero, porque la tinta no ancla y se va con la uña.
El error que cuesta dinero
Etiquetar activos o ubicaciones en térmica directa. Sale más barato el primer año y luego hay que reetiquetar todo el almacén porque las etiquetas se han vuelto ilegibles o se han puesto negras al darles el sol por una ventana. El sobrecoste del ribbon es una fracción de lo que cuesta volver a etiquetar y de los errores de inventario mientras tanto.
Y al revés también pasa: usar transferencia térmica para etiquetas de envío que se van a tirar en dos días es pagar un consumible que nadie va a agradecer.
Una impresora, las dos tecnologías
Muchos modelos de sobremesa e industriales son de transferencia térmica y pueden imprimir también en térmica directa simplemente quitando el ribbon y cambiando un ajuste. Al revés no: una impresora de térmica directa pura no puede montar ribbon. Si no tienes claro cómo va a evolucionar tu uso, la opción flexible es comprar el modelo de transferencia térmica aunque de momento imprimas en directa.
Ojo con una cosa al pedir recambios: en algunas gamas de sobremesa, la referencia del cabezal es distinta según el equipo sea de térmica directa o de transferencia térmica, aunque compartan resolución.